El Circo Romano de Mérida se precia por ser uno de los mejores circos conservados del Imperio, además, de considerarse uno de los más grandes, sus dimensiones siempre sorprenden a los visitantes.
Fue construido durante el gobierno de la dinastía Julio- Claudia aunque durante el transcurso del tiempo tuvo diversas ampliaciones y modificaciones debido a su popularidad.
Se encuentra fuera de la muralla, junto a la calzada que iba hacía Toledo y Córdoba y aprovecha la pendiente del cerro de San Albín, evitando que la zona se inundase.
Su planta es rectangular y sus extremos terminan en semicírculos, en esta parte, se ubicaba la puerta de salida de las aurigas vencedoras o porta pompae, el otro extremo era rectilíneo con ángulos redondeados, en esa parte, se situaban las jaulas de salida de los carros.
El resto estaba ocupado por las gradas, como las del Teatro, por supuesto, había una separación entre la tribuna donde se sentaban los patrocinadores del espectáculo y la tribuna de los jueces.
La arena era la parte longitudinal, el centro, vertebrado por la spina decorada por los obeliscos y las estatuas colosales.
Todo un lujo de la época, hoy podemos reconstruir su historia a través de la piedra.