El Teatro Romano de Mérida es la joya por excelencia de la ciudad.
El Teatro se construyó bajo el patrocinio de Agripa, el yerno de Augusto, a mediados del 16-15 a.C, cuando la Colonia fue promovida como capital provincial de la Lusitania.
Al contrario que los griegos, los romanos no tenían una costumbre tan arraigada de ir al teatro pero, una ciudad tan prestigiosa como Mérida, no le podía faltar un edificio para los juegos escénicos.
El Teatro fue distribuído de abajo hacia arriba, dependiendo del rango social, el público se dirigía a uno de los tres sectores de las gradas, caveas summa, media e ima, las cuales estaban separadas por pasillos y barreras. Llegó a tener una capacidad de seis mil espectadores.
Todas las gradas disponían de accesos por donde acceder con facilidad, tanto las entradas como los vomitorios.
Fue en 1910 cuando encontraron parte del Teatro sobresaliendo, en aquel momento y debido a los salientes de las ruinas, los emeritenses llamaron al lugar las Siete Sillas.
Actualmente, el entorno fue puesto en valor y presentado al público, de tal manera que podemos pasear por el yacimiento como si se tratará de aquella época. Su inmensidad resulta sobrecogedora, sin duda se trata de un lugar imprescindible para comprender parte de la gran historia que guarda la ciudad de Mérida.