Como si de un dulce cuento se tratase, sobre una roca labrada por los ríos Eresma y Clamores se encuentra enclavado el Alcázar de Segovia, una fortaleza vigilante e inexpugnable.
Su construcción se remonta a principios del siglo XII, es uno de los castillos medievales más emblemáticos y conocidos de España. El objetivo de esta obra era emplearla para uso militar ya que resultaba un punto estratégico perfecto para la defensa de la ciudad, sirvió de residencia para Alfonso VIII.
Con el paso de los tiempos, el Alcázar fue adaptándose y adquiriendo distintos aspectos como el estilo gótico del siglo XIII, aquella intervención fue realizada por los arquitectos de Juan II y Enrique IV. La última reforma corrió a cargo del arquitecto Francisco de Mora en colaboración con Juan de Herrera en 1587, construyeron el Patio Principal y La Escuela de Honor. Los distintos usos del espacio fueron sucediendo, por ejemplo, en 1764 Carlos II estableció el Real Colegio de Artillería. Son varios los pasadizos que oculta la fortaleza, bajan hasta el río, conectando el palacio con la ciudad.
Aunque, tal vez, la intervención más recordada fue bajo el reinado de Felipe II, quien ordenó las características cubiertas de pizarra que coronan las torres y las almenas, dándole ese aspecto de cuento de hadas.
En su interior se han dado todo tipo de momentos dignos de mención, como la celebración de las Cortes Generales convocadas por Alfonso X “El Sabio” en 1256, la coronación de Isabel la Católica como reina de Castilla en 1474, las bodas de Felipe II con Ana de Austria en 1570, la visita de Enrique VIII de Inglaterra en 1506 o la visita de Napoleón Bonaparte en 1808.
Visitar el Alcázar es detenerse en el tiempo y apreciar la gran historia que rodea al castillo, para disfrutar de la experiencia al máximo recomendamos sacar las entradas con antelación (tiene bastante afluencia) y recorrer las salas con algún tipo de visita guiada o información, ya que resulta más interesante contextualizar aquello que se ve.