Durante la época de las desamortizaciones muchos conventos de Barcelona fueron destruidos y en los solares vacíos que dejaron hicieron nuevas obras. Este es el caso de la plaza Real o plaza Reial, antiguamente se situaba el convento de los Caputxins hasta su destrucción a finales del siglo XIX, pasando a ser la actual plaza.
Siguiendo con el estilo de otras plazas de la época, como la plaza Mayor de Madrid, el arquitecto Molina concibió el lugar como un conjunto organizado y elegante de estilo neoclásico, dándole el toque catalán con un porche de bóveda soportado por arcos de medio punto y fachadas isabelinas, con balcones y pilastras corintias.
La plaza recibe el nombre de “Real” en honor al rey Fernando VII, monarca del momento, quedando inmortalizado con una estatua ecuestre. Aunque, finalmente, el monumento no se hizo y en su lugar se colocaron a ambos lados de la fuente principal dos farolas, obras de la juventud de Antoni Gaudí.
En su conjunto la plaza es lujosa y señorial, quedando flanqueada por edificios señoriales con decoraciones con barro cocido.
Hoy en día es un buen punto de encuentro para disfrutar tanto del día como de la noche. Ya que podrás encontrar todo tipo de bares y restaurantes, además de cervecerías míticas de la ciudad.