A poca distancia del centro de Málaga, en la cima del monte, se encuentra el Castillo de Gibralfaro, una de las fortalezas que vigilan la ciudad desde antaño.
Los orígenes del castillo surgen de unas ruinas fenicias, en concreto, de un antiguo faro que se situaba en el centro del monte. Tras la ocupación árabe, Abderramán III decidió aprovechar los materiales y construir una fortificación que defendiera el territorio y además aumentara la seguridad de la Alcazaba. Este tipo de estructura tan pensada y equilibrada le valió la fama de inexpugnable ya que no fue ocupada hasta la época cristiana por los Reyes Católicos, cuando Fernando utilizó el castillo como residencia e Isabel se instaló en la ciudad.
Hoy en día puedes visitar el castillo y descubrir sus inmediaciones. El espacio se divide en dos partes: el Patio de Armas en la zona inferior (con las caballerizas reales, almacenes y barracones) y la zona superior con la torre mayor, el pozo y el Centro de Interpretación.
Es interesante realizar esta visita porque conocerás los distintos usos de la fortaleza a lo largo del tiempo, como cada civilización adaptó el inmueble para su cometido, además, disfrutarás de unas vistas privilegiadas desde lo alto. Para poder acceder al castillo tienes varias opciones, se puede llegar caminando por el Paseo de Reding o coger el autobús número 35, su parada está en la Plaza de Toros y otros puntos del centro.