Tras el gran incendio de 1813 la ciudad tuvo que resurgir de las cenizas, el arquitecto Ugartemendia fue uno de los donostiarras más participes en este proceso. En 1817 se erigió la plaza de la Constitución.
La plaza se sitúa en pleno centro, es uno de los puntos neurálgicos de la parte vieja. Su estructura es muy llamativa, cuando nos fijamos en las ventanas podemos ver cómo están señaladas con números, esto hace referencia a cuando eran palcos para las corridas de toros que se daban en la plaza antaño.
En el pasado, también albergó el antiguo Ayuntamiento, hoy en día es la biblioteca central.
Actualmente, es una plaza llena de vida, desde allí da comienzo la mayoría de fiestas y celebraciones como la fiesta de San Sebastián o la feria de Santo Tomás.