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Situado en el entorno del parque de Fuentes Blancas, a unos cuatro kilómetros del centro de Burgos, encontramos la Cartuja de Santa María de Miraflores, un lugar caracterizado por la contemplación, la paz y el silencio.

Antaño estaba rodeado por un frondoso bosque que acogía un palacio de caza, el rey Juan II decidió darle otro uso y lo convirtió en el monasterio de los monjes cartujos. Hasta que Isabel la Católica decidió trasladar allí los restos de sus padres, Juan II e Isabel de Portugal y su hermano el infante Alfonso. Todos ellos forman un sepulcro de escultura gótica dentro del emplazamiento, es una obra de arte funeraria de las más curiosas que existen en Europa realizada por el maestro Gil de Siloe.

El conjunto arquitectónico está compuesto por la iglesia de una sola nave y el ábside poligonal. Destacan sus ventanales flamígeros decorados con vidrieras entre los contrafuertes. Es un complejo sobrio aunque en su interior guarda más de un lujo.

La Cartuja representa la manera de pensar de la comunidad cartuja. Todo el recinto está impregnado por el conocimiento, el estudio, el trabajo y el recogimiento. Es una clara invitación a la meditación y la búsqueda de la paz a través de la investigación y la contemplación.

Como dato curioso, los dorados de las esculturas fueron elaborados por oro traído por Cristóbal Colón tras su segundo viaje al Nuevo Mundo, literalmente, la historia se encuentra en cualquier detalle. Además del propio monasterio, también podrás visitar una serie de exposiciones con distintas piezas artísticas y un centro de interpretación para conocer la vida monacal.

La riqueza va más allá de los bienes materiales pero a nuestro parecer los cartujos no se quedaron cortos en mostrarla en cada uno de sus rincones, es una visita que merece la pena.

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